
Despues de leer esta historia recorde tambien la historia de Joseph Carey Merrick a quien muchos llamaron "El hombre Elefante". No es el alarmismo ni el sensacionalismo lo que me llevò a enfocar estas historias, es muy probable que se piense que todo aquel que sufre siempre ha de terminar por convertirse en un martir, sea por cuestiòn de la prensa o por las personas comunes como nosotros que no pasamos por este tipo de situaciones, pero en este caso mi interes se centro en la calidad humana que poseia Merrick a pesar de sufrir su enfermedad.
El sensible Merrick se refiere a la muerte de su querida madre, Mary Jane Potterton, acaecida el 28 de diciembre de 1861 como consecuencia —común en aquellos días— de una bronconeumonía. "Fue muy buena conmigo. Luego de su muerte, mi padre, desafortunadamente para mí, se casó con su casera. De ahí en más nunca volví a tener un momento de tranquilidad. Ella tenía hijos propios, y en parte a causa de mi deformidad, se encargó de convertir mi vida en una miseria total. Rengo y deforme como soy, me escapé de casa dos o tres veces. Supongo que mi padre conservaba aún una chispita de amor paterno por mí, porque me obligó a regresar a casa".
Esta siniestra madrastra que le tocó en suerte fue peor que la más malvada de los cuentos infantiles. Merrick se preocupa, en su autobiografía, en describir los tormentos a que fue sometido por aquella mujer, que se entretuvo en abusar, durante años, de un niño huérfano, gravemente enfermo y horriblemente discapacitado.
"Cuando yo tenía 13 años, ella hizo todo lo posible para conseguir que yo saliera a buscar trabajo. Obtuve un empleo en la fábrica de cigarros Freeman y trabajé allí por unos dos años. Luego, mi mano derecha comenzó a crecer, hasta que se volvió tan grande y pesada que ya no pude liar los cigarros, y tuve que irme. Ella me mandó por toda la ciudad para buscar trabajo, pero nadie quería contratar a un rengo deforme. Cuando volvía a casa para comer, ella solía decirme que había estado vagando y no buscando empleo. Se mofó tanto de mí, se burló y me despreció de tal manera, que dejé de regresar a casa a las horas de las comidas. Allí me quedaba solo, en las calles, con el estómago vacío, con tal de no regresar para soportar sus burlas.
Posteriormente logrò encontrar trabajo en un circo como un espectaculo novedoso e increible para los espectadores curiosos de aquella època, mas el rumbo de su vida cambiarìa totalmente al conocer al mèdico Frederick Treves, quien se convertirìa en su gran amigo y se encargaria de tratar su caso brindandole un mejor nivel de vida hasta su muerte.
Joseph Merrick era en realidad un hombre dulce, amable y agradecido. La única carta de su autoría que se posee está dirigida a una dama que le envió como obsequio una botella de whisky y un libro. La mujer había leído un artículo sobre Merrick en el London Times. La carta dice textualmente:
"Estimada señorita Maturin:
Le agradezco profundamente el whisky y el libro que tan amablemente me envió. El whisky era espléndido. Vi a Mr. Treves el domingo, y me dijo que debía enviarle a usted el mayor de mis respetos.
Con enorme gratitud y siempre suyo,
Joseh Merrick
Hospital de Londres
Whitechapel".
Muy pocos seguramente repararian en la capacidad y talento artìstico que poseìa Merric para elaborar hermosas maquetas.Desde la ventana de su habitación èl contemplaba una parte de una iglesia situada junto al hospital. Pidió a la gente que le donaran cartones duros, y armado de paciencia y con su única mano útil construyó una maravillosa maqueta de la iglesia. Los sectores que no alcanzaba a ver desde su lugar fueron reemplazados por su fértil imaginación. La bella pieza se encuentra hoy en el mismo museo del hospital donde se exhibe su esqueleto.
Su fama creciò con el tiempo, y eran muchas las personalidades que llegaron a conocer a Merric, siendo una de ellas Alexandra, Princesa de Gales y el Duque de Cambridge, quienes accedieron a conocer personalmente a Merrick y gracias a ello se le asigno un lugar donde vivir asi como la atenciòn del hospital por el resto de sus dias.
Pero ajeno a toda esa atenciòn que recibiò, èl siguiò conservando su sensiblidad, el deseo de aprender, cultivarse y maravillandose con todo lo que el mundo le ofrecia a sus ojos, su inteligencia y hablar elegante siempre estuvieron intactos incluso antes de llegar a conocer a su mèdico amigo, sin duda leia mucho y poseìa una gran habilidad para captar las cosas.
Lamentablemente su organismo no soportaria mucho y su enfermedad empeoraria hasta que finalmente un viernes 11 de abril de 1890 a la 1:30 de la tarde partirìa de este mundo, las causas: un dislocamiento cervical y asfixia provocada por el peso de su cráneo sobre la tráquea.
Antes de morir èl nos dejaria estas frases que resumen su pensamiento y el porque de su presencia en este mundo:
Es cierto que mi forma es muy extraña,pero culparme por ello es culpar a Dios; si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo me haría de modo que te gustase a ti.
Si yo fuera tan alto que pudiese alcanzar el polo o abarcar el océano con mis brazos, pediría que se me midiese por mi alma, porque la verdadera medida del hombre es su mente.
Extractos tomados de http://axxon.com.ar/rev/145/c-145Divulgacion.htm
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